“La única cosa que es absolutamente necesaria de saber es la ubicación de la biblioteca.”
— Albert Einstein
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“Persistentemente pienso en los niños y en los adultos mayores. Y dentro de este nicho, en la comunidad en general.”
— Marisol Obrador
El pasado 5 de mayo cumplimos dos años de trabajo ininterrumpido en esta obra social que busca acercar la lectura a niños, jóvenes y adultos. Comenzamos con una organización modesta, que se fue construyendo paso a paso, con convicción, esfuerzo y amor.
Hoy, miramos con orgullo lo que hemos logrado: cuatro bibliotecas comunitarias en distintas zonas del país —Villa Frei, Villa Lago Atravesado y Puerto Sánchez (Región de Aysén), y Quilpué (Quinta Región)— que reúnen más de 3.000 libros donados.
Esa cifra, sin embargo, no representa solamente volumen, sino un acto colectivo de generosidad. Nuestra “materia prima” ha sido cada libro entregado por personas generosas, cada gesto logístico y cada mano dispuesta a apoyar, desde lo material hasta lo emocional.
¿Cuál es la motivación?
Creo profundamente en el rol transformador de las bibliotecas comunitarias. No basta con reunir libros y prestarlos. Una biblioteca bien concebida es mucho más que eso: es un espacio de encuentro, de contención, de sanación, de crecimiento. Un lugar donde puede cambiar el rumbo de una comunidad completa.
Me preocupa —y motiva al mismo tiempo— la desconexión que se vive en muchas comunidades. Hay niños creciendo sin espacios seguros, adultos mayores que se sienten invisibles, personas que conviven con enfermedades mentales o el peso del aislamiento. Muchas veces, estos espacios de lectura son el único refugio emocional y cultural que puede hacerlos sentir parte de algo.
¿Por qué lo hago?
Lo hago por respeto, por cariño, por amor a las comunidades. Porque me duele ver cómo el individualismo y las tecnologías mal utilizadas nos han alejado de lo esencial: el encuentro humano.
Vivimos en un mundo donde conocer al vecino se volvió raro, donde las amistades ya no son duraderas y donde las generaciones nuevas, muchas veces, no saben lo que significa vivir en comunidad.
Nosotros tuvimos otra experiencia: una infancia quizás con escasez material, pero con valores sólidos, contención y vida colectiva. En ese contraste nace mi impulso. Y aunque este sea un trabajo de hormiga, creo que los granos de arena, juntos, forman una playa.
Las tecnologías tienen muchas virtudes, pero también han traído consecuencias difíciles: deterioro emocional, aislamiento social, dificultades en el desarrollo de habilidades sociales. Las bibliotecas comunitarias pueden ser un antídoto: un lugar de pertenencia, de conversación, de memoria, de humanidad.
¿Pueden estos espacios mejorar la vida de las personas?
Sin duda, sí.
Y por eso debemos apostar por ellos: en nuestras regiones, en los colegios, en las juntas de vecinos, en cada agrupación. Cada biblioteca comunitaria puede transformarse en el corazón de la comunidad, un punto de encuentro, de discusión, de educación y esperanza.
No es sólo leer. Es abrir las puertas a la fraternidad, es construir un tejido social fuerte, es ofrecer un futuro más brillante desde lo más simple y poderoso: el acceso a la lectura y al otro. Ya sabemos que un libro puede cambiar la vida de alguien y eso no lo discutimos.
En varios países, las bibliotecas ya se transforman en centros comunitarios activos, donde los adultos mayores pueden liderar tareas, compartir saberes y preservar tradiciones. Nosotros también podemos hacerlo.
Conclusión
No busco reconocimientos personales. Sé que este ha sido un esfuerzo colectivo. Aunque esta ha sido mi iniciativa, hoy existe una red de apoyo que ha crecido gracias a un trabajo honesto, constante y profundamente humano.
Nuestro sueño es que cada comunidad tenga su biblioteca. Y que en ella se geste la reconciliación de los pueblos, el renacer de la vida comunitaria, la restauración de lo humano.
“Quien no vive para servir, no sirve para vivir.”
— Madre Teresa de Calcuta
Dejo a disposición una presentación con información sobre las cuatro bibliotecas comunitarias desarrolladas hasta la fecha, incluyendo la cantidad de libros donados que ha recibido cada una.
Muchas gracias por su atención.
Atentamente,
Marisol Obrador Yáñez – Directora Editorial La Cordonada

